LA DEUDA QUE TIENE EEUU CON ESPAÑA

La ayuda española se suministra a las colonias a través de cuatro rutas principales: desde los puertos franceses con la financiación de Rodriguéz  Hortalez y de la compañía, a través del puerto de Nueva Orleans y el río Misisippi, desde las bodegas de la Habana y desde el puerto de Bilbao, a través de la Gardoqui, familia vasca rica de la época.

A través de la casa Joseph de Gardoqui e hijos, España envió a los EE. UU. 120 000 reales de a ocho en efectivo, y órdenes de pago por valor de otros 50 000. Estas monedas, los célebres Spanish dollars, sirvieron para respaldar la deuda pública estadounidense, los continentales y fueron copiados dando origen a su propia moneda, el dólar estadounidense. Además, a través de la casa de Gardoqui se enviaron 215 cañones de bronce, 30 000 mosquetes, 30 000 bayonetas, 51 314 balas de mosquete, 300 000 libras de pólvora, 12 868 granadas, 30 000 uniformes y 4000 tiendas de campaña, por un valor total de 946 906 reales. El ejército norteamericano que ganó la batalla de Saratoga, fue armado y equipado por España, llevando además, esta victoria la entrada de Francia en apoyo a la independencia de Estados Unidos de América.

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Bernardo de Galvez, Virrey de Nueva España.

El panorama financiero internacional de hoy día comprende un entramado de deudas entre países, una de las más desconocidas es la deuda de 3 billones de dólares que Estados Unidos mantiene con España desde hace más de dos siglos.

Según un estudio realizado por el abogado José María Lancho, los Estados Unidos de América mantendrían con nuestro país una deuda tal que, en caso de ser satisfecha ,igualaría la deuda pública y privada existente en nuestro país equivale a más del doble de nuestro PIB.

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Corría el siglo XVII, Inglaterra poseía trece colonias en América del Norte, pero su gobierno sobre aquellas tierras de ultramar estaba a punto de finalizar. Para financiar la revolución, que desembocó en la Guerra de la IndependenciaEspaña prestó dinero a los padres fundadores de los Estados Unidos.

Como no podía ser de otro modo, a la hora de determinar el montante del préstamo existen varias versiones. Según España, la cantidad de dinero prestada ascendería a un millón de Reales de a ocho de la época. Según Estados Unidos, la deuda es bastante inferior.

La diferencia entre ambas cantidades se podría deber al lamentable estado financiero de la recién creada república (USA) una vez finalizó la guerra. Debido a esto, los mandatarios del recién creado país, habrían declarado en la Conferencia de París una cantidad sustancialmente menor a la que habían recibido en realidad.

Aunque no hay visos de que la deuda vaya a ser satisfecha, según el abogado José María Lancho, España tendría causa legal y moral para reclamar el dinero, pues tal y como afirma en el informe publicado por la Academia de Jurisprudencia y Legislación, “ninguna de las dos tradiciones, ni la anglosajona ni la española prevén la extinción en el derecho internacional”.

Dado el tiempo transcurrido y el montante al que nos referimos parece altamente improbable que el cobro se vaya a realizar, pero resulta curioso pensar que si el pago finalmente se realizara, no haría falta ningún rescate por parte de la UE. En fin, soñar, de momento, sigue siendo gratis

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De entre los muchos aspectos que siguen entre brumas en torno a las relaciones de España y el origen de los Estados Unidos destaca, especialmente, el papel de nuestra Armada.  Para comprender la importancia y dimensión de la intervención marítima de nuestro país en favor de la independencia norteamericana bastaba un cálculo, que no se había hecho, y que demuestra el grado de implicación y sacrificio humano y material en una causa que los dirigentes españoles sabían que cambiaría para siempre la historia de América y su propia historia.

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El Santisima Trinidad, el mayor buque de su época. Fue el buque insignia español en el Canal de la Mancha en 1779.

Probablemente el aporte más significativo y decisivo español a la independencia de los Estados Unidos, junto con el  financiero, fue… la propia Armada. A pesar de la relevante e incansable actividad de los Gálvez (Bernardo y Matías) por su entidad, desde el primer día, 22 de junio de 1779, en que España declara la guerra a Inglaterra, la Armada marca la diferencia del conflicto y desactiva el principal recurso militar británico: su propia marina. En los primeros meses del conflicto Luis de Córdova con una escuadra mayoritariamente española aunque comandada por el francés Orvilliers limpió el canal de la Mancha de buques ingleses y creó las mejores condiciones de invasión de la Gran Bretaña desde los tiempos de Felipe II, algo que no lograrían ni siquiera los alemanes en la II Guerra Mundial. La invasión finalmente no se realizó por razones meteorológicas y después por una epidemia que diezmó las dotaciones suponiendo casi 15.000 muertos.

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Bernardo de Galvez y Madrid.

Navíos destrozados en el Gran Sitio de Gibraltar

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Me ha parecido que carecía nuestra historiografía del listado
de buques españoles destruidos, naufragados y capturados durante la guerra sostenida contra Inglaterra en favor de las colonias insurgentes inglesas en Norteamérica.

Procedo a la enumeración por año, nombre y número de cañones caidos por destrucción, naufragio o capturados (un mayor detalle queda para una futura publicación en ciernes):

 

Año 1779:

El Poderoso de 64 cañones

Santa Mónica de 32cañones

Santa Margarita 32 cañones

 

Año 1780

Santa Marta de 38 cañones

San José  de 70 cañones

El Fénix de 80 cañones

Monarca de 70 cañones

El Diligente de 70 cañones

Princesa de 70 cañones

Guipúzcoa 70 cañones

Santo Domingo 70 cañones

San Julian 70 cañones

San Carlos 50 cañones

San Juan Bautista (bergantín)

 

Año 1781

Santa Leocadia 34 cañones

La Grana 26 cañones

Santa Catalina 32 cañones

Tallapiedra 21 cañones

Pastora 21cañones

San Cristóbal 17 cañones

Paula Primera 21cañones

Príncipe Carlos 7 cañones

San Juan 9 cañones

Paula Segunda 9 cañones

Santa Ana 9 cañones

Dolores 7 cañones

 

Año 1782

San Miguel 74 cañones

Perpetua(fragata)

Begoña (brulote)

Natalia

Santa Catalina 30 cañones

 

Año 1783

El Dragón de 60 cañones

Las dos Cathalinas (fragata)

33 listado destruidos, naufragados o apresados y miles

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de vidas de españoles europeos y españoles americanos caídas en una guerra que para los norteamericanos supuso unos 8000 muertos en combate. Desde luego que no hubo menos militares españoles que murieron en esa guerra. Manifiesto, asimismo, mi preocupación por la desprotección de algunos de estos buques, yacimientos arqueológicos que representan un auténtico legado común de las dos Américas y España. Creo que sería un magnífico desafío conmemorativo intentar la excavación de uno de estos navíos bien en cabo de San Vicente, Azores, Brest o Gibraltar, un proyecto que rivalizaría en valor histórico, con éxito, la recreación hecha por Francia de la fragata Hermione que trasladó a Lafayette a Boston.

El que iba a ser decisivo convoy inglés de 63 buques y

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que por su dimensión iba a determinar a favor de Inglaterra el curso de la guerra con las 13 Colonias, capturado por la Armada española

Lo que no sabemos de la participación española se lo debemos a los falsos mitos. Tradicionalmente y hasta entrado el siglo XX se había venido negando la ayuda española a la independencia de Estados Unidos, especialmente por la propia historiografía americana, y quedó como grabado en el bronce impostado de la Historia que la ayuda francesa fue la que decidió la independencia americana. Sin cuestionar aquí, la importancia de la ayuda francesa resulta una fantasía política ignorar que ni siquiera esta ayuda se hubiera producido en una dimensión crítica sin la implicación y ayuda española. La ayuda francesa no habría sido nunca suficiente ni financiera ni marítimamente, por no hablar de su imposibilidad política. Estados Unidos necesitó que el mayor imperio global en ese momento, España, apoyara su independencia, y esa independencia necesitó una guerra mundial para que Estados Unidos tuviera un sitio en la Historia.

La batalla de Chesapeake enteramente financiada por España.

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Sin la intervención española la independencia norteamericana habría sido diferente y la nación que hubiera nacido –con toda seguridad mucho más tarde- habría sido muy distinta.

Debe saberse que las independencias hispanoamericanas jamás contaron con el respaldo similar de ninguna nación europea, la suya fue una independencia más larga, más dura y sin apoyos, más allá de la interesada cirugía británica(entre otras) en la que no entraré aquí. Las independencias hispanoamericanas no contaron jamás con una involucración de la dimensión y desinterés como la española en favor de Estados Unidos. Eso explica mucha historia en el devenir de los pueblos hispánicos en América y en Europa.

Desde la distancia y en un intento por comprender y hacer justicia a aquella nación hispanoamericana que era España en ese momento, con su apuesta por los nacientes Estados Unidos creó uno de los más extraños vínculos entre civilizaciones, un proceso que aún no hemos comprendido y que no ha terminado y… que continúa demasiadas veces –y esto es lo más incomprensible- sobre bases de desconocimiento y de interesado desencuentro. Porque esa identidad: desconocimiento/desencuentro de persistir ha de posponer y dificultar el verdadero momento del continente americano.

Máximo Gonzalez-Palacios Franco.

Jose Maria Narvaez, descubridor del estrecho de Georgia.

Por Máximo González Palacios Franco.

JOSE MARIA NARVAEZ, el Marino Español que  descubrió las tierras del  estrecho de Georgia ,Canadá.

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Jose María Narváez (1768-1840) es uno de los héroes olvidados de España.

Por lo general al capitán George Vancouver se le reconoce la hazaña de explorar el estrecho de Georgia y descubrir el sitio de la ciudad que hoy lleva su nombre, pero en realidad José María Narváez y Gervete fue el primer europeo en navegar y trazar esas aguas un año completo a principios de 1791.

Narváez ha sido pasado por alto en gran parte de la historia, tal vez porque, en palabras del histoiador Jim McDowell, que ha realizado una maravillosa biografía de Narváez, que exploró el norte del actual Canada como capitan de 23 años de edad, al mando de una pequeña chalupa, Santa Saturnina .

Nacido en 1768, en Cádiz, España, Narváez entró en la Academia Naval  en abril de 1782 en la tierna edad de 14, y pronto vio su primer combate en el mar. En 1784, navegó al oeste, visitando diferentes lugares en el Caribe, así como de la Nueva España.

En febrero de 1788, llegó a asumir una misión en la estación naval en el concurrido puerto de la costa del Pacífico de San Blas. En los próximos siete años, exploró la costa hacia el norte, incluyendo el Estrecho de Georgia, que hoy separa a la isla de Vancouver de la ciudad de Vancouver. También viajó a Manila, en Filipinas, Macao y Japón.

En el verano de 1791 Narváez, bajo las órdenes del capitán Alejandro Malaspina, navegó en su chalupa, que estaba a menos de cuarenta metros de largo, en el estrecho de Georgia (entonces más grandiosamente conocido como El Gran Canal de Nuestra Señora del Rosario la Marinera!) y continuó más allá de las marismas de la desembocadura del río Fraser tan al norte como Texada y Ballenas islas, antes de volver a aprovisionar su barco. Como cualquier buen cartógrafo, que trazó su ruta cuidadosamente.

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Su motivación, como Boshier ha declarado hábilmente, se debía a que, “El lugar ahora llamado Columbia Británica fue pensado para contener la garganta del Estrecho  que llevó desde el Pacífico hacia atrás hacia el Atlántico. El que empuja a través de este estrecho aseguraría un poder considerable , la autoridad y el prestigio de su rey “.

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Al año siguiente, el capitán George Vancouver al enterarse angustiado cuando se le mostró la carta de Narváez y se dio cuenta de que los españoles habían ganado una clara ventaja en la carrera para trazar la línea de costa y podría batir al Inglés en la búsqueda del Estrecho Anián. En el caso, ninguna de las partes ganó, ya que el estrecho resultó ser un producto de la imaginación marineros anteriores

Narváez regresó a su base en San Blas, Nueva España. El 23 de octubre de 1796, se casó con María Leonarda Aleja Maldonado en su ciudad natal de Tepic. La pareja crió seis hijos y una hija. Uno de sus tatara-tatara-tatara nietos a ser Presidente de México: José López de Portillo, quien ocupó el cargo desde 1976 hasta 1982.

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Después de 1797, Narváez se ocupó de cartografiar las diferentes partes de la costa oeste de Nueva España. En 1808, se encaminó a la ruta para una nueva carretera entre San Blas y Tepic.En noviembre de 1810, en el inicio de la Guerra de la Independencia, Narváez se vio incapaz de evitar que San Blas  cayera en manos de los criollos españoles independentistas. Sus superiores trataron de castigar con un consejo de guerra  por no defender el puerto, pero Narváez argumento con éxito que la verdadera causa había sido la falta de poder de fuego, ya que sus hombres tenían sólo 110 rifles y escopetas a su disposición.

Durante el invierno de 1813-1814, Narváez se le ordenó navegar a través del Pacífico, una vez más para llevar la nueva Constitución de 1812, de España a Manila.

A su regreso, fue convocado para el Lago de Chapala, donde un grupo de criollos españoles se había instalado  en la isla de Mezcala y se niegan a rendirse. El General de la Cruz solicitó la ayuda de la Armada Española. Las tropas realistas y los criollos españoles acordaron una tregua honrosa en noviembre de 1816, momento en el cual Narváez había comenzado su mapa del lago. Completó el mapa al año siguiente, y varios años más tarde se había cartografiado un mapa realmente bueno de toda la provincia de Jalisco, una versión reducida de los cuales, con límites actualizados, se convirtió en el primer mapa oficial del estado en 1842.

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El mapa de Narváez del Lago de Chapala fue el mapa científico más antigua del lago, y fue adaptado, con sólo pequeñas modificaciones, por muchas publicaciones posteriores. El mapa muestra el lago para tener una profundidad máxima de 13.86 metros (45 pies) al sur de la Isla de Mezcala. La mayor parte de la parte central del lago se muestra como tener una profundidad de unos 12 metros.

Después de la Independencia de Nueva España en 1821, Narváez decidió quedarse en Guadalajara con su familia, aunque no se le concedió la aprobación de la gestión oficial de la Armada Española hasta el 25 de mayo de 1825. En ese momento, había sido nombrado comandante del Departamento de San Blas.

Narváez, el marino y cartógrafo más importante de su época, dibujo muchos mapas, antes de morir en Guadalajara, el 4 de agosto de 1840, a la edad de 72.

Sus numerosas contribuciones a la cartografía exacta de México y Canadá han recibido muy poco reconocimiento, a excepción de una pequeña isla que lleva su nombre en la costa oeste de la Columbia Británica, y el nombre de Narváez Bay para un pequeño y hermosa bahía en Saturna Island (una contracción de Saturnina, el nombre de su buque), en el Parque Nacional de las Islas del golfo.
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El viaje a Alaska (1788)

En respuesta a la actividad de Rusia en Alaska, el gobierno español empezó a enviar buques para investigar y hacer valer su soberanía. El esfuerzo se basaba casi enteramente en el puerto de San Blas. En marzo de 1788 fueron enviados en una campaña de reconocimiento dos barcos al norte, el Princesa, al mando de Esteban José Martínez (1742-98), y el San Carlos, comandado por Haro. Narváez navegaba de nuevo a bordo del San Carlos, otra vez como piloto de Haro. Los barcos llegaron en mayo al Prince William Sound, en la costa sur de la actual Alaska, y pronto descubrieron evidencias de la actividad rusa en el comercio de pieles. En junio, Haro salió al oeste con el San Carlos hasta la isla de Kodiak y los españoles comerciaron con un grupo de nativos que se acercaron a la nave en doce canoas, llevando pedazos de papel con escritura rusa, al parecer, vales de pago, que Haro adquirió por intercambio, ansioso de tener pruebas irrefutables de la actividad de Rusia en la región.

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El 30 de junio de 1788, Haro envió a Narváez en un bote a investigar un puesto de Rusia en la bahía de Tres Santos, en la isla de Kodiak. Narváez encontró el puesto, convirtiéndose en el primer español en entrar en contacto con un gran contingente ruso en Alaska. El comandante ruso, Evstrat Delarov, acompañó a Narváez al San Carlos, donde le dieron un barril de vino y otros regalos. Haro y Delarov conversaron largamente y Delarov le informó de que había siete puestos comerciales rusos, con un total de unos 500 hombres, en la costa entre Unalaska y el Prince William Sound. También le proporcionó un mapa ruso con la localización de los mismos y las costas de esa zona y le contó que un barco ruso iba hacia el sur a lo largo de la costa cada año, hasta alcanzar el Nutka Sound, en la costa occidental de la isla de Vancouver, y de que al año siguiente intentarían ocuparlo. Después Narváez llevó de regreso a Delarov a su puesto de avanzada. Narváez regresó al San Carlos y Haro regresó al este, a reunirse con Martínez en la isla Sitkinak, una de las islas del archipiélago Kodiak.

Usando la información obtenida por Narváez, la expedición salió en dirección suroeste hasta llegar a la isla de Unalaska, una de las islas Aleutianas, donde había encontraron uno de los puestos. Que Delarov había exagerado la fuerza de los rusos se puso de manifiesto ya que les había dicho que 120 rusos vivían allí, pero los españoles descubrieron que Potap Kuzmich Zaikov era el único ruso, ya que el resto eran aleutianos. Martínez llegó el 29 de julio y Haro el 4 de agosto. Martínez y otros hombres llegaron a tierra y se quedaron en el puesto, a quienes proporcionaron suministros de alimentos y vino. Zaikov dio a Martínez tres mapas que comprendían la región de las islas Aleutianas. También confirmó que los rusos tenían previsto tomar posesión del Nutka Sound el siguiente año.

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Martínez era propenso a ataques de excesiva agresividad y tenía problemas continuos con sus oficiales y marineros, incluidos Haro y Narváez. Mientras estaban en Alaska, Martínez había detenido temporalmente a Haro, un tiempo en el que Narváez quedó al mando de la San Carlos. Haro fue repuesto en el mando antes de que la expedición saliese de Unalaska el 18 de agosto de 1788. A los tres días, los dos barcos perdieron el contacto y navegaron hacia el sur por separado. Las órdenes de Haro eran reunirse con Martínez en Monterey, California, pero en el camino Haro, con el apoyo de Narváez y los otros pilotos, declaró que su barco ya no estaba bajo el mando de Martínez. Navegaron de regreso al puerto de San Blas por su cuenta, llegando el 22 de octubre de 1788. Martínez, que pasó un mes en Monterrey esperando a Haro, no llegó a San Blas hasta diciembre, y se encontró frente a cargos de liderazgo irresponsable. Sin embargo, Martínez recuperó el favor y fue puesto a cargo de una nueva expedición para ocupar el Nutka Sound antes de que lo hicieran
los rusos.

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Haro y Delarov conversaron largamente. Delarov informó a Haro de que había siete puestos de Rusia en la costa entre Unalaska y el Prince William Sound y que un barco ruso iba hacia el sur a lo largo de la costa cada año, hasta alcanzar el Nootka Sound, en la costa occidental de la isla de Vancouver. Esta última información fue muy probablemente una invención destinada a intimidar a los españoles. Que Delarov había exagerado la fuerza de los rusos se puso de manifiesto cuando los españoles continuaron su viaje y visitaron Unalaska: delarov le había dicho a Haro que 120 rusos vivían allí, pero los españoles descubrieron que Potap Zaikov era el único ruso, ya que el resto eran aleutianos

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San Saturnina y San Carlos.
Fuentes:
McDowell, Jim. (1998) José Narváez. El Explorador olvidada. Incluyendo su narrativa de un viaje en la costa del noroeste en 1788. Spokane Washington: El Arthur H. Clark Company.

Narváez, José María (1816-1817) Plano del lago de Chapala . Guadalajara de la Nueva Galicia.

Narváez, José María (1840) Plano del Estado de Jalisco.Guadalajara.

Boshier, Roger. (1999) Mapeo del Nuevo Mundo. . Educación y Tecnología de Investigación Parte 1: “Neutro” Tecnología . Vancouver: Universidad de la Columbia Británica de septiembre de 1999. Consultado en línea, 13 de julio 2008

Ilustración: Gordon Miller, Wikipedia.

El Papa argentino, visita la América española

El Papa escoge los tres países más pobres para su primer viaje a la América española

Una gira agotadora por Ecuador, Bolivia y Perú pondrá a prueba su resistencia a los 78 años

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El Papa que inició sus viajes a Europa por las «periferias» de Albania y Bosnia Herzegovina, ha escogido los tres países más pobres para su primera visita a Hispanoamérica. Del 5 al 12 de julio, Francisco recorrerá Ecuador, Bolivia y Perú en una gira agotadora para un anciano de 78 años al que le falta medio pulmón.

Será un viaje de sabor multiétnicoBolivia, el segundo país más pobre del continente americano después de Haití, cuenta con una mayoría indígena, pues los aymaras, la etnia de Evo Morales, suman el 24 % de la población y los quechuas el 29 %. Hay también minorías indias en Ecuador, donde los quechuas suponen el 15 % del censo, y en Paraguay, donde los guaraníes suman el 21 %. En las misas y encuentros populares del Papa habrá intervenciones en los tres idiomas indios.

La gira incluirá momentos de gran emoción, como la visita a la gigantesca cárcel de Palmasola, en Bolivia, o a la inmensa zona de chabolas del Bañado Norte en Asunción, que se inunda parcialmente cada año durante las crecidas del Río Uruguay.

Francisco experimentará en Ecuador el dinamismo del presidente Rafael Correa, un economista de gran prestigio, y sufrirá en Bolivia las maniobras populistas del presidente Evo Morales, antiguo líder del sindicato de los cocaleros, que aprovechará la visita para hacer publicidad del mascado de hoja de coca, un uso permitido por Naciones Unidas.

En Paraguay, su anfitrión es el presidente Horacio Cartes, uno de los mayores empresarios de un país que prospera gracias a la exportación de soja pero ha sufrido la deforestación del diez por ciento de la superficie del país desde el año 2000.

La visita, día a día

El domingo por la tarde, al cabo de un vuelo de 13 horas, el Papa llegará a Quito, una ciudad situada a 2.800 metros de altitud, pero no se tomará tiempo para descansar o adaptarse a la altura. Después de los discursos en el aeropuerto, recorrerá ocho kilómetros en «papamóvil» para que los ecuatorianos puedan saludarle.

Al día siguiente, lunes, el Santo Padre volará aGuayaquil, la ciudad más importante del país, situada en la costa del Pacifico, para una misa con más de un millón de personas cerca del Santuario de la Divina Misericordia. Por la tarde subirá de nuevo a los 2.800 metros de altitud de Quito para encuentros con las autoridades.

El martes celebrará misa en la capital para millón y medio de personas en la gran explanada del antiguo aeropuerto, y mantendrá sucesivos encuentros con el mundo de la educación, secundaria y universitaria, y con representantes de la sociedad civil.

La jornada del miércoles incluye un encuentro con las autoridades bolivianas en La Paz, una etapa que implica riesgos pues el aeropuerto de la capital –el quinto más alto del mundo después de cuatro situados en China– está a casi 4.100 metros de altitud.

En su viaje de 1988, Juan Pablo II hizo frente al «soroche» con un té de hoja de coca, parecida al laurel, que tiene efectos saludables pero no alucinógenos, a diferencia del producto refinado. La hoja de coca es, respecto a la cocaína, algo así como la uva respecto al aguardiente.

Pero los principales encuentros en Bolivia tendrán lugar el jueves en Santa Cruz de la Sierra, la mayor ciudad del país. Se trata de la misa con dos millones de personas y el II Encuentro Mundial de los Movimientos Populares, que incluyen los cartoneros, los recicladores, vendedores ambulantes, las cooperativas de empresas quebradas y todos los sectores de la economía informal que no cuenta con derechos laborales.

El Papa les dará su apoyo y les animará a proseguir en la línea de la autoayuda, «sin esperar de brazos cruzados» ni «dejarse domesticar por el asistencialismo», como les dijo el año pasado en el primer encuentro mundial, celebrado en el Vaticano.

El punto fuerte del viernes es la visita a la peligrosa cárcel de Palmasola, cuya sobrecargada población penal de 3.500 presos ha sido rebajada a 2.800 para evitar una vergüenza internacional. Como los tribunales bolivianos son tan lentos, cuatro quintas partes de los reclusos son delincuentes en espera de juicio.

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El programa en Paraguay incluye el sábado una misa en el santuario mariano nacional de Caacupé, a 40 kilómetros de Asunción, y el domingo a primera hora la visita a las chabolas del Bañado Norte, donde viven más de cien mil personas.

El último gran encuentro será la misa del domingo con unos dos millones de fieles, incluidos muchos de Argentina, que espera su visita en 2016.

EL ESPAÑOL QUE DESCUBRIÓ NUEVA GUINEA

Expedición de Ortiz de Retes que descubrió Nueva Guinea

Una de las navegaciones más impresionantes y difíciles realizadas por los marinos españoles durante el siglo XVI fue la realizada por el alavés Íñigo Ortiz de Retes por la costa de la gran isla de Nueva Guinea y de la que tomó posesión el 20 de junio de 1545. Fue una de las más fructíferas singladuras por el mar del Sur, desde el punto de vista geográfico, al iluminar un amplio espacio de mar y tierra. Descubrió numerosos archipiélagos, en especial la isla Grande o Nueva Guinea, la 3ª isla en extensión tras Australia y Groelandia, ampliando los dominios del Imperio español en casi 800.000 kilómetros cuadrados. Nueva Guinea fue llamada así por la semejanza del color de la piel de sus naturales con los de la Guinea africana.

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MAPA DE ORTELIUS DEL 1589

Íñigo Ortiz de Retes, nació en Retes de Llantero (Ayala), en la primera década del siglo XVI. Atraído por la empresa americana, marchó a Sevilla para embarcarse en algún galeón atlántico. Participó en las expediciones del gobernador de Guatemala Pedro de Alvarado, en 1538 para explorar la costa occidental de México e intentar alcanzar las islas Molucas, y en 1541 hacia Nueva Galicia.

Por orden del virrey Antonio de Mendoza la expedición hacia las islas orientales pasó a cargo del reputado marino malagueño Ruy López de Villalobos, capitán de las flotas de Indias. Este continúa los avanzados planes de Alvarado y arma la flotilla expedicionaria, con el objetivo de alcanzar y establecer bases españolas en las tierras de poniente, y de trazar una ruta fiable de regreso desde las islas orientales a las costas pacíficas de Nueva España. Iñigo Ortiz de Retes estaba de nuevo ligado al proyecto descubridor de la Mar del Sur.

En 1542 con rumbo oeste, para descubrir las rutas marítimas del Pacífico, Villalobos y Ortíz de Retes, partieron con seis pequeñas naos y 370 hombres desde el puerto de Navidad (Jalisco), avistado el archipiélago de Revillagigedo, bautizando diversas islas como la Nublada, de Roca Partida, el Placer y los Bajos de Villalobos, de los Corales, los Jardines (archipiélago de las Marshall), alcanzando las ya descubiertas Carolinas Orientales y arribando en el archipiélago de las Filipinas, concretamente en la isla de Cesárea Carola (Mindanao), bautizada en honor del emperador Carlos I.

Exploran las Filipinas  pero la continua pelea con temporales y borrascas y la falta de alimento le obligó a refugiarse en la isla moluqueña de Tidore, territorio colonizado por los portugueses.

Un pacto con la guarnición lusa les permitió un tiempo de espera. Entonces, Villalobos decidió jugarse la última baza con la nao San Juan, a estas alturas la única capaz de aguantar una singladura hasta Nueva España, a cargo de Iñigo Ortiz de Retes a quien se le entrega el mando de la nave. Será en 1545, cuando Ortiz de Retes realiza una de las más fructíferas singladuras por la Mar del Sur, desde el punto de vista geográfico, al iluminar un amplio espacio de mar y tierra.

Partiendo de Tidore el 16 de mayo de 1545 en dirección norte, rumbo muy acertado ya que estaban en la época de los monzones del oeste, muy frecuentes en las latitudes australes y buscar el camino de regreso por debajo de la línea equinoccial.

Varios días después de la partida avistaron las llamadas islas Talud, cambiando el rumbo hacia el sur y buscar corrientes propicias para marear en dirección a las Indias, avistando islas nombradas como la Sevillana (Supiori), la Gallega (Noemfer), las Martires. (Schouten) al adentrarse la nao de Retes por el estrecho de Japón.

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MAPA DE NOVA GUINEA, SIGLO XVII

En las islas Padaido, más de treinta pequeñas embarcaciones cargadas de indígenas intentaron flechar a la marinería. La San Juan salvó la situación rumbo sur con la vista puesta en el horizonte de cumbres que a levante mostraba la isla Grande, Nueva Guinea, tropezaron con una pequeña isleta triangular, la Ballena (Koeroedoe) y tres días más tarde hallaron la desembocadura del río San Agustín (Mamberano), cuyo estuario consideró propicio para desembarcar.

El ayalés desconocía que con la toma de aquella enorme isla, Nueva Guinea, un 20 de junio de 1545, ampliaba los dominios del imperio español en casi 800.000 kilómetros cuadrados. Antes que él, los primeros que desembarcaron en el norte de la Isla Grande fueron los expedicionarios de Álvaro de Saavedra en 1528 (y quizá algún superviviente de la nao Santiago de Hernando de Grijalva en 1537). Pero, sería Ortiz de Retes y sus hombres los que formalmente tomaron posesión para la Corona hispana y los que con más precisión exploraron la parte norte de la isla.

Según lo escrito por su cronista, García de Escalante:

“…Sábado, a veinte del mes, surgieron en la isla grande, y allí tomaron agua y leña, sin contradicción de nadie, por ser allí despoblado. Tomó el Capitán la posesión de esta isla por Vuestra Señoría. Púsole nombre la Nueva Guinea. Todo lo que costearon de esta isla es tierra muy hermosa, al parecer, y tiende a la mar grandes llanos. En muchas partes y por la tierra adentro muestra ser alta, de una cordillera de sierras de alboredo, al mar el arcabuco y en otras partes pinos salvajes, y las poblaciones eran llenas de palmeras de cocos…”

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NUEVA GUINEA

Intentaron navegar hacia levante, pero las fuertes corrientes se lo impidieron, arribando en la isla de Mo (Liki), parte de las Kumamba, para descansar y aprovisionarse. Siguieron rumbo noreste atravesando varias islas volcánicas, algunas de ellas denominadas como Magdalena, Gaspar Rico, las Volcanes, las Barbada y Caimana.

Los vientos apartaron de la costa a la nave, que, en navegación adversa, se dirigió hacia el grupo de las islas Walulu y luego fue lanzada de nuevo hacia Nueva Guinea y Magdalena. Tras sufrir varios ataques por parte de los nativos, pudieron al fin fondear en la rada de Abrigo. El problema era encontrar el paso hacia las tierras americanas. Los vientos y corrientes contrarias les impedían avanzar hacia levante, cuando no les empujaba al noreste. Y por el sur, la gran isla de Nueva Guinea resultaba casi un continente imposible de circunnavegar.

En un nuevo y desesperado intento, emprenden rumbo a levante, pero el mar y los vientos alisios empujan el barco al nordeste, obligándoles a trazar un arco mucho más abierto. El 19 de agosto arriban al atolón de Ninigo, y que llamaron islas de los Hombres Blancos, donde fueron atacados por dichos aborígenes.

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NAO SAN JUAN DE ORTIZ DE RETES

La última baza se jugó el 27 de agosto. Ortiz de Retes ordenaba aproar la nave hacia la isla de Mo, pero las corrientes y los vendavales contrarios llevaron el barco 30 leguas por debajo de su objetivo. La San Juan era empujada irremediablemente hacia el nordeste.

El 3 de octubre de 1545, tras cuatro meses y medio de singladura, regresaban a Tidore para reunirse con el resto de la expedición inicial en aquel puerto portugués y ser repatriados de forma deshonrosa por barcos portugueses por la ruta del Índico y del Atlántico.

Sin embargo, aún tardarían dos años en regresar, pasando calamidades en Malaca y Goa. Villalobos murió en 1546 en la isla de Amboine de fiebres palúdicas. García de Escalante escribió que sólo 144 supervivientes de la expedición llegaron a Lisboa en agosto de 1548, entre ellos Iñigo Ortiz de Retes.

Fracasaba así un nuevo intento hispano de regresar a América desde las islas de poniente: Gómez de Espinosa con la Nao Trinidad por Elcano en 1522; las dos tentativas de Álvaro Saavedra, desde latitudes semejantes a las de Ortiz de Retes (1528 y 1529); el trágico amago de tornaviaje de Hernando de Grijalva en 1537; y el escarceo de Bernardo de la Torre semanas antes que el del capitán alavés.

Habría que esperar hasta 1565 para que otros dos vascos, Legazpi y Urdaneta, marcasen las derrotas definitivas que permitieron asegurar la navegación de los galeones entre los territorios pacíficos de la monarquía española.

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ITINERARIO DE ÍÑIGO ORTIZ DE RETES

CONFEDERACION  HISPANICA.
Máximo Gonzalez-Palacios Franco

Fuente; Ilustrado español.

INVASIÓNES INGLESAS, RECONQUISTA ESPAÑOLA

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EL ROBO Y LA TRAICIÓN DE LA INVASIONES INGLESAS – 1806/1807:

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La reconquista española de la Ciudad de Buenos Aires luego de la invasión británica de 1806 al virreinato del Río de la Plata dio lugar a la formación de unidades milicianas de voluntarios que lograron defender la ciudad durante el contraataque británico ocurrido en1807. Luego de la Revolución de Mayo de1810, estas milicias fueron el núcleo original del Ejército Argentino

01. Historia de un robo.
02. Los verdaderos motivos de la invasión.
03. Los fondos públicos robados.
04. El botín.
05. Historia de una traición.
06. La conjura.
07. La fuga.
08. Los traidores.

EL “ROBO”

Los verdaderos motivos de la Invasión Inglesa a Buenos Aires

Ya antes de 1800, los ingleses, siempre ávidos no sólo de gloria sino de los bienes ajenos, habían incursionado por el Río de la Plata. Montevideo fue fundada en 1726, en el siglo XVIII. Inglaterra en el Siglo XVI no era una potencia a nivel de España y recién estaba comenzando a desarrollar su marina. Los que actuaban mayormente eran los piratas como Drake (que asolaba las costas americanas), Cavendish y otros. Lo que hizo Inglaterra durante los siglos XVI y XVII fue hostigar a España en el mar y en los puertos americanos desarrollando una especie de guerra de guerrillas marítimas a través de “empresarios” privados. También a Portugal y Holanda.

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Así fue como en 1760 colaboraron con los portugueses en el ataque a la Colonia del Sacramento.

Después fue la expedición “privada” del Almirante MacNamara, que salió de Gran Bretaña con escala en Río de Janeiro, con nueve buques de guerra y 3.000 soldados, que atacaron Colonia como paso previo a invadir Buenos Aires.

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En 1765 hacen un paso fugaz por las Islas Malvinas, reclamando soberanía y creando las bases “ilegales” para en 1833 ocuparlas definitivamente, echando a sus pobladores, a los colonos y a los presos del Río de la Plata, que redimían su pena con la sociedad.

Desde entonces sólo se dedicaron al contrabando de mercaderías y a la venta de esclavos negros en las colonias.

El 12 de diciembre de 1804, el inglés Almirante Cochrane ataca y apresa cuatro fragatas españolas que, desde Montevideo, transportaban un tesoro español que se debía entregar a Francia, hecho que motivó la declaración de guerra por parte de España a Ingl

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aterra.

En estas naves viajaba a España la familia del ex-gobernador de las Misiones Jesuíticas Cnl Diego de Alvear, falleciendo en el ataque su mujer y uno de sus hijos, mientras Don Diego y su hijo Carlos salvan la vida, por encontrarse en otra nave, “CLARA”. La carga es apresada y todos son llevados a Londres, donde con el tiempo Don Diego vuelve a casarse, y recibiendo su hijo Carlos su educación en institutos ingleses. Y posteriormente ingresará al Ejército de España. 

El lunes 21 de octubre de 1805 los ingleses derrotan en Trafalgar a las flotas aliadas de España y Francia. Como consecuencia quedan con el dominio naval sobre los mares. Después de la gran batalla naval, España todavía entregaba fuertes sumas a su “aliado” Napoleón, que obtenía de los “tesoros” extraídos de sus colonias am

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ericanas. 

A principios de 1806 se instaló una estación naval británica en África del Sud, desde donde habían comenzado la ocupación de ese territorio, echando a los colonos holandeses hacia el interior del país. La tropa estaba ociosa y el Contralmirante Home Riggs Popham fue sugestionado por un tal White, comerciante yanqui establecido en Buenos Aires desde hacia unos años, con la idea de robar el tesoro que se estaba acumulando en las colonias españolas del Río de la Plata. Si bien en los planes de Gran Bretaña figuraba la invasión a varios lugares del continente americano, por otras prioridades había encarpetado los mismos. Así la misión que comenzó a gestarse, puede definirse como una especie de “empresa privada”, y sin órdenes expresas de SM Británica.

Convencido Popham de las riquezas que habría en Buenos Aires y de la indefensión de la misma, amén del apoyo según White, que le prestaría la población, se convierte en el “jefe” del emprendimiento. Convence al comandante de la base de El Cabo, el General David Baird, y este le “presta” 1.600 hombres, a cambio de una “comisión” en el botín. Y además nombra al General William Carr Béresford de su entera confianza, como Jefe de

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expedición.

Al producirse la Invasión Inglesa, las órdenes que imparte el Virrey Sobremonte, dejan al descubierto que la Monarquía española habia descuidado la defensa militar de sus provincias.

Sobremonte sin armas y sin fuerzas militares, ordena a último momento armar las milicias, y ejerce una débil defensa de la ciudad. Pero lo que si tenía muy bien organizado, era una rápida evacuación de los fondos acumulados en lingotes y monedas de oro y plata, enviándolos a la ciudad de Córdoba con un tren volante, con tropas de caballería, más su familia y amigos. Dejando a la capital del Virreynato en manos de sus segundos para que negociaran l

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a capitulación.

La ciudad fue ocupada bajo la lluvia, en la noche del 27 de junio de 1806. Los Ingleses Gobernaban Buenos Aires.

Los Fondos Públicos Robados 

El General Béresford recién concedió las condiciones de la rendición de Buenos Aires, el día 2 de julio. Sólo después de tener en su poder, los caudales del virreynato que habían estado reuniendo en la ciudad para ser enviados a España, y que Sobremonte al conocer ésta invasión, sacara en forma urgente para ocultarlos en la ciudad de Córdoba, con una fuerte custodia.

Los caudales consistían en la suma de un millón doscientos noventa y un mil trescientos veintitrés pesos plata ($ 1.291.323,00), de los que se enviaron a Inglaterra sólo un millón, distribuyéndose el resto entre la tropa, después de tomar para sí abultadas cantidades, los jefes de la expedición saqueadora, conforme al régimen de presas vigente en la época.

El reparto del botín robado se realizó de la siguiente manera:

– al gobernador del Cabo Gral David Baird, que facilitó las tropas a cambió de una buena paga, la suma de veintitrés mil novecientos noventa libras (Libras 23.990,00).
– al General Béresford once mil ciento noventa y cinco libras (Libras 11.195,00).
– al Contralmirante Popham siete mil libras (Libras 7.000,00).
– los Jefes de tierra o Capitanes siete mil libras (Libras 7.000,00).
– Capitanes y Tenientes de marina setecientos cincuenta libras (Libras 750,00).
– Tenientes de tierra o Alféreces de marina quinientas libras (Libras 500,00).
– para los sargentos o suboficiales ciento setenta libras (Libras 170,00).
– para cada soldado y marinero treinta libras (Libras 30,00).-
Esa fue la verdadera finalidad del Asalto militar a Buenos Aires.

Los informes del espía inglés William Pío White desde Buenos Aires eran acertados. Sobre el “tesoro” que se estaba reuniendo en la capital del Virreynato para enviar a España, que era una fortuna en lingotes y monedas de oro y plata y además toda la información sobre la poca defensa militar de la ciudad, que era casi nula. Y esta oportunidad no

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fue desaprovechada.

No perdió su tiempo el General Béresford. Su propio ayudante el Capitán Arbuthnot del Regimiento 20 de Dragones Ligero, fue inmediatamente designado para perseguir y obtener los caudales en camino a Córdoba. Con el apoyo de los Tenientes Graham y Murray, acompañados por el espía William White y una escolta de 30 soldados del hasta entonces invencible Regimiento 71 “Highlanders”. Los caudales fueron localizados en la Villa de Luján, oficiando de guía para el trayecto el criollo Francisco González (quién recibió de manos de Béresford el pago en efectivo por los servicios prestados).

El Jefe de las Fuerzas Navales inglesas contralmirante Popham, era partidario de embarcar inmediatamente el “botín apresado” una vez que fuera obtenido, y levando anclas alejarse prontamente con la misión cumplida, previo

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bombardeo de la ciudad.

El botín

La Fragata Narcissus al mando del capitán Donelly, que recibió cinco mil quinientas libras en concepto de flete, más lo que le correspondiera del Botín, desembarcó en Portsmouth el 12 de setiembre de 1806, en medio del júbilo popular. Conocida la noticia en Londres, estalla la euforia. Al día siguiente el diario TIMES daba a conocer la noticia: “…Buenos Aires en este momento forma parte

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del Imperio Británico…” 

El 17 de setiembre el capitán Donelly desembarcó el Tesoro que cargó en ocho carros. Cada uno con seis caballos de tiro adornados con banderas, penachos y cintas azules, que trasladaban una carga de un total de cinco toneladas de pesos plata. En Portsmuth la caravana fue acompañada por la banda militar del apostadero naval y una escuadra de marineros de Popham, con uniformes rojos y el capitán sentado sonriente en uno de los carros. El 20 de setiembre llegaron a las afueras de Londres. El “Tesoro” desfiló por las calles de la ciudad. Los “Voluntarios Leales Británicos” a órdenes del Cnl Prescot, escoltaron el tesoro y sobre las banderas estaba escrita la palabra “TESORO”. Cerraban la columna los “Voluntarios de Clapham. Una excelente Banda Británica tocaba “Dios Salve al Rey” y “Rule Britannia” . Pararon en la casa del Cnl Davidson cuya señora ofreció dos cintas con letras de oro que decía: “Buenos Aires – Popham – Beresford – Victoria” .- El Tesoro llegó al Banco de Londres donde más de dos millones de dólares de esos tiempos, fueron depositados, se repartió entre el Gobierno británico y todos los intervinientes, incluso la tropa. Con cantidades muy importantes para Baird, Beresford (comandante de tierra) y Popham. El gobierno inglés, dado el éxito de la expedición, la autoriza post facto y sus bucaneros son aplaudidos como héroes del imperio.

Tal política tuvo que ser cambiada rápidamente, no sólo al saberse la reconquista de Buenos Aires, sino por la necesidad del apoyo de España para combatir a Napoleón.

No fue la primera vez en la Historia que España derrotara a los ingleses, ( España derroto muchas veces a Inglaterra ) no sólo eso, en la segunda Invasión enviada al año siguiente, Gran Bretaña envió “oficialmente” un ejército poderoso de más de 16.000 hombres, y una gran flota naval con sus más conspicuos Generales y Almirantes. Y también fueron derrotados y

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rendidos incondicionalmente.

Del “Tesoro” que robaron los ingleses de Buenos Aires …. ! Bien y Gracias  Nunca más se supo, ni se reclamó, ni nadie habló de ello. 

Al día de hoy, si se afila bien el lápiz, con intereses e indexaciones, más el valor actualizado del Oro y la Plata, sin contar el daño a la ciudad, a las gentes, a las propiedades, etc, etc, cubriría un poco más que todo lo adeudado por Argentina (Deuda Estatal y Deuda Privada).

LA “TRAICIÓN”

16 de febrero de 1807 – La Fuga de Beresford

El 12 de agosto de 1806, se rindieron en Buenos Aires las Fuerzas Inglesas de la Primera Invasión al mando del Gral William Carr Beresford, ante el comandante de las Fuerzas Patriotas el Capitán de Navío Santiago Liniers y Brémond. Fueron un poco más de 1500 oficiales, suboficiales y soldados, además unas 60 mujeres y niños que acompañaban la expedición. Entre ellos 1 General, varios Jefes de Regimiento, oficiales antiguos y de rango, músicos, banderas, banderolas de Regimiento y guiones.

La Flota naval inglesa al comando del Contralmirante Sir Home Riggs Popham se retiró de Ensenada sin combatir, abandonando a su suerte a los derrotados soldados ingleses ya “Prisioneros de Guerra”.

Los prisioneros de guerra 

Ya prisioneros los oficiales y tropa reciben sus sueldos, pagados por las autoridades de Buenos Aires y durante los primeros tiempos que viven en la ciudad de Buenos Aires, se alojaban en el Fuerte, en la “Ranchería” fuera del Fuerte, y en los cuarteles abandonados de la ciudad, mientras que los oficiales se alojaban en casas de familias importantes, comiendo en las po

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sadas y cantinas de la ciudad.

Los heridos ingleses, algunos se encontraban alojados en “casas de familia” bajo atención médica y los más en el Hospital de Belén (creado para estos fines), donde llegaron a estar hospitalizados 37 ingleses. Bajo la dirección de Fray José Vicente (de San Nicolás), el enfermero mayor Fray Blas (de los Dolores) y como secretario y ayudante Fray José (del Carmen).

Ante las noticias previas y posteriormente la nueva Invasión Inglesa a Maldonado y Montevideo (en la Provincia Oriental del Uruguay), el Cabildo de Buenos Aires le ordena a Liniers el traslado y la Internación de la totalidad de los prisioneros. Muchos de ellos ya se encontraban “detenidos” en los Fortines de la Campaña como la Guardia del Salto, Rojas, San Antonio de Areco, la Villa de Luján y otros fortines más.

Traslado al interior

Se decide internar bajo fuerte custodia, a 500 prisioneros a los fortines del Oeste del País, a 500 presos al Norte y a otros 500 prisioneros al Litoral y las Misiones, a cargo de los Húsares de Pueyrredón.

Los principales Jefes de la Primera Invasión, que ya se encontraban internados en la Villa de Luján, con amplias facilidades y consideraciones; fueron destinados a Catamarca en forma “urgente”, al recibir los integrantes del Cabildo el informe que “Montevideo estaba en manos inglesas”.

El 10 de febrero de 1807, se inicia la marcha a caballo desde la Villa de Luján de los siguientes prisioneros ingleses:

– el Gral Williams Carr Beresford., Comandante de la Fuerzas Invasoras, 
– el Jefe del Regimiento 71 “Highlanders”, Coronel Dennis Pack,
– el Cap y asistente Robert Williams Patrick , del Cuartel Maestre General,
– el My de Brigada Alexander Forbes,
– el Capitán de Dragones y Edecán del Gral Beresford, Roberth Arbuthnot, del Regimiento 20 de Dragones Ligeros,
– el Teniente Alexander Mac Donald , de la Real Artillería,
– el Teniente Edgard L´Estrange, del Regimiento 71 “Highlanders”,el Cirujano Santiago Evans , del Regimiento 71 “Highlanders”.
A cargo de la custodia, es designado el Capitán de Blandengues Manuel Luciano Martínez de Fontes, destinado en el Fuerte de Rojas, quién debió presentarse en Luján 2 días antes y allí le fue impuesta la misión por el oidor del Cabildo de Buenos Aires Juan Bazo y Berry acompañado por el Tcnl de Infantería Pedro Andrés García, trasladados de urgencia a la Villa de Luján a los efectos de “dar las órdenes del traslado de los Prisioneros”.

Integran la custodia: de la frontera de Salto 1 cabo y 7 blandengues de la frontera, de la frontera de Rojas, 1 sargento mayor y 7 blandengues, y además de 1 blandengue de la novena compañía. Total 18 hombres incluído el Jefe. Además se le asignaba el “tropero” Manuel Álvarez a órdenes directas, quién debería proveer de carne a la escolta y a los prisioneros. Llevarían consigo una sopanda en que iría el general inglés.

Esta custodia debía cesar en el paraje llamado “La Encrucijada”, donde comenzaba el camino que conducía hacia Catamarca, destino final de los ingleses; donde la seguridad debía entregar los prisioneros ingleses a una escolta enviada especialmente desde Córdoba, para su cuidado y vigilancia hasta Catamarca. El Capitán Martínez de Fontes requeriría al oficial a cargo de la nueva custodia desde “La Encrucijada”, la entrega de un recibo, con la cantidad de prisioneros

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y el nombre de cada uno de ellos.

El 12 de febrero de 1807 los baqueanos en su marcha, eligen para acampar la Estancia Grande de los Padres Betlemitas, próxima a Arrecifes, y a unas cuarenta leguas de Buenos Aires. Desde allí Martínez de Fontes oficia al Gobernador de Córdoba Victorino Rodríguez, con tiempo suficiente, para que prepare todo lo atinente para que los prisioneros ingleses continúen su camino a Catamarca. En el oficio explicaba que el equipaje de los ingleses iba en siete carretas con sus peones, otra con galleta y además una sopanda con cajones y para uso del general inglés. Señalaba que los oficiales ingleses prisioneros eran ocho, acompañados por cuatro mu

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jeres, con dos niños y quince criados.

La conjura

Debemos mencionar que el día 6 de febrero, Saturnino José Rodríguez Peña secretario, ayudante y confidente de Santiago de Liniers (Comandante de las Fuerzas militares), mantuvo una entrevista con Juan de Dios Dozo, capitán de la Primera Compañía del Cuerpo de Voluntarios Patriotas de la Unión, al que ambos pertenecían, siendo Dozo secretario y de la íntima confianza de Martín de Álzaga. Rodríguez Peña inicia el diálogo expresando que la situación de Buenos Aires era lamentable y que sería imposible derrotar a los ingleses, dueños ya de Montevideo, y que no podrían defenderse de los nuevos invasores. Agregó que lo conveniente era cambiar de medios y de partido para salvaguardar sus vidas, la de sus familias, y “preservar sus patrimonios”. Que ya había mantenido charlas con el Gral Beresford en varias oportunidades y que esperaba que éste los ayudase a independizarse de España. Rodríguez Peña pretendía obtener el apoyo del partido español en Buenos Aires, que dirigía Álzaga.

La reunión entre Martín de Álzaga y Saturnino José Rodríguez Peña

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se realizó en la noche del 7 de febrero.

La Fuga de Beresford y Pack 

El 16 de febrero Saturnino J. Rodríguez Peña y Manuel Aniceto Padilla, llegaron a la Estancia Grande de los Hermanos Betlemitas. Acompañados por los soldados Machuca y Medina del Batallón de los Cuatro Reinos de Andalucía participantes de la Reconquista de Buenos Aires, a revienta caballos desde la Ciudad.

Cabe acotar que la hermana de Manuel Luciano Martinez de Fontes, María Magdalena estaba casada con Juan Ignacio Rodríguez Peña, hermano de los mencionados Saturnino J. y Nicolás Rodríguez Peña. Este vínculo familiar estaba acrecentado porque Manuel Luciano se había casado con María de la Concepción Amores, hermana de Gertrudis Amores, quien se había casado a su vez con Saturnino José Rodríguez Peña.

Al llegar manifestaron que debían entregar una carta de Liniers al Gral Beresford y que le tenía que transmitir una orden verbal impartida por Liniers y por el Cabildo de Buenos Aires que decía “que debía entregar bajo su custodia al general inglés y a otro oficial prisionero”, con la finalidad de trasladarlos a Buenos Aires, que así lo exigían “razones del servicio, el bien del monarca español y los intereses de la Patria”.

Comunicado esto último el general inglés eligió para que lo acompañase a su amigo y futuro cuñado, el Coronel Dennis Pack. (El Cnel inglés contrajo matrimonio con Lady Isabel Luisa Beresford, en 1816).

Se le informó que debía esperar en la Estancia de Fontezuelas durante seis días, y que recibiría órdenes. A los seis días Martinez de Fontes, recibió una carta de Saturnino José Rodríguez Peña, en la que se le avisaba que al llegar a Buenos Aires, encontraron tan mal la situación, que debieron viajar con los oficiales ingleses a Montevideo. Entonces advirtió Martínez de Fontes el engaño que había sido victima.

Martínez de Fontes se presentó detenido el día 8 de marzo ante el teniente Mariano Gazcón. Quién lo condujo arrestado a sus órdenes hasta Buenos Aires, donde fué entregado a las autoridades.

Al enterarse de la “fuga y traición”, la clase media y baja que fueron el núcleo de las fuerzas que reconquistaron Buenos Aires, se encontraba totalmente irritada y contrariada con los dos Oficiales ingleses que se fugaron de Buenos Aires. Ellos habían dado su palabra de honor de NO escaparse, ni volver a tomar las armas contra la ciudad, el virreynato del Plata y de España, Se les habían dado todo tipo de facilidades y libertades, bajo “su

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palabra de honor y de caballeros que eran”.

No cumplieron con su palabra de HONOR.

Beresford, cumplió parcialmente su palabra No queriendo tomar el mando de la “nueva Invasión”, y regresando de inmediato a Londres. Pero No cumplió su palabra cuando en 1816, el Reino de Portugal lo “contrata” cómo asesor del Jefe del Estado Mayor, para que organice la invasión y destrucción de los Pueblos Jesuitas de Corrientes y Misiones, la invasión y ocupación permanente de los Pueblos Jesuitas orientales del Río Uruguay hasta el océano Atlántico (los actuales Estados de Paraná, Santa Catarina y Río Grande del Sur), y además con la excusa de atacar al Caudillo Artigas, a la Provincia Oriental del Uruguay, que invade y ocupa al mando del portugués Gral LECOR, toda la Banda Oriental incorporándola después de Tacuarembó (en 1820) como la “Provincia Cisplatina” del Reino de Portugal y Algarves. Bajo la mirada distraída de los “centralistas porteños”, posteriormente llamadas “unitarios”.

El Cnl Dennis Pack, Jefe del “temido” Regimiento 71 “Highlanders”, que se había rendido incondicionalmente en la reconquista de la primera ocupación, con gran número de bajas y con “todo“ el Regimiento prisionero, al llegar a Montevideo toma nuevamente las armas contra los criollos del Plata. Y en la segunda invasión cae nuevamente prisionero bajo rendición incondicional en la Iglesia de Santo Domingo, donde se había refugiado, pidiendo clemencia por su vida. Cuentan que los soldados y el pueblo lo quería fusilar ”allí mismo”, por su “falta de honor y hombría de buen”, pero que fue salvado por el Párroco y Jefes prestigiosos como Liniers y Belgrano.

Escape y llegada a Montevideo

Mientras tanto los dos ingleses y sus cómplices en la fuga, llegaron a Buenos Aires y se escondieron en la casa del Celador del Cabildo Francisco González, quien dejó la casa vacía llevando a su familia a la quinta de Mercedes Bayo, prima de su señora, próxima a la ciudad, donde también se encontraba Mariano Moreno, que era el abogado representante de los hacendados ingleses instalados en el Plata. El veinte de febrero cruzaron la ciudad de noche, pero en la desembocadura del Riachuelo, ninguna tripulación los quiso llevar, regresando a la casa de González. Al día siguiente 21 de febrero, hicieron el mismo camino donde los esperaba un lanchón de la balandra portuguesa “Flor del Cabo”, cuyo patrón era Antonio Luis de Lima. Pagaron por anticipado al doble de lo estipulado y los marineros los llevaron hasta Ensenada. A las ocho de la mañana atracaron contra la corbeta de la marina de guerra inglesa “Charwell”, quién se hizo a la vela de inmediato.

Llegaron a Colonia del Sacramento y por tierra se dirigieron

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a Montevideo, donde llegaron el 25 de febrero.

Los verdaderos gestores de la fuga – Los Juicios realizados.

En el Memorial elevado a Wellesley (Primer Ministro Inglés) el 8 de abril de 1808 por el criollo Manuel Aniceto Padilla, desde Londres donde se había instalado, mencionaba como partícipes en la fuga del General Beresford a: Nicolás Rodríguez Peña hermano menor de Saturnino, Juan José Castelli, Hipólito Vieytes, Antonio Luis Berutti, y prestando su consentimiento miembros de las clases altas de Buenos Aires.

Posteriormente el general inglés Beresford, en señal de agradecimiento, obsequió un “juego de mesa de loza del Cabo” a Juan J. Castelli.

El 21 de marzo de 1807, la Real Audiencia dictó un decreto iniciando juicio a los imputados del delito de “independencia y fuga de William Carr Beresford”. Se resolvió remitir a los imputados con escolta y la seguridad del caso a la Capitanía de Chile, para mantenerlos arrestados hasta que fuese posible su retorno a Buenos Aires, para continuar las causas y el trámite debido. Los presos eran los siguientes: Pedro José Zabala, Antonio Luis Lima y su criado Cleto, Francisco González, Antonio de Olavaria (Jefe de Frontera), Manuel Luciano Martínez de Fontes, José Presas y Marull, Felipe Sentenach, y el sargento Juan de Vent.

El Juicio concluyó el 7 de octubre de 1808, se había sobreseído de la causa a don Antonio de Olavaria y a don Manuel L. Martínez Fontes, a Francisco González, Antonio Luis Lima y José Zabala. Ordenando su libertad, y levantando el embargo sobre sus bienes, los que serían devueltos.

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El proceso final a los verdaderos culpables, lo inicia el Fiscal Caspe el 6 de diciembre de 1808, encontrándose algunos de ellos prófugos. Queda en la duda, si la orden que transmitió Saturnino J. Rodríguez Peña al Capitán Martínez de Fontes fue una orden falsa o verdadera, dado los intachables antecedentes del Secretario privado de Liniers, Saturnino J. Rodríguez Peña y del Secretario privado de Martín de Álzaga, Juan de Dios Dozo.

El Final

Los tres principales involucrados fueron embarcados el 8 de setiembre de 1807 desde Montevideo hacia Río de Janeiro, en un navío de guerra inglés enviado por el inglés Alte Murray a tal fin.

En premio por la organización y fuga del Gral Beresford y el Cnl Dennis Pack, y por su actitud a favor de Gran Bretaña, Saturnino José Rodríguez Peña, Manuel Aniceto Padilla y Antonio Luis de Lima (patrón de la balandra portuguesa “Flor del Cabo”), fueron gratificados con una pensión de trescientas libras anuales hasta su muerte.

El Alcalde de Primer voto Martín de Álzaga recibe desde Montevideo una carta de Beresford fechada el 26 de febrero de 1807 informándole “ … estoy por irme a Europa: pero a pesar de cuanto me ha ocurrido, me siento interesado por la gente de Buenos Aires …”.

El mismo Santiago de Liniers, recibe otra carta desde Montevideo enviada por Beresford, donde le informa “ … que se había evadido con la esperanza de poder hacer algo útil para ambas partes y evitar en lo posible los horrores de la guerra” y le aseguraba “… que no obstante todo lo sucedido, trabajaría para el bien de Buenos Aires…”.

Máximo Gonzalez-Palacios  Franco

Fuente: www.lagazeta.com

Juan Rodriguez Cabrillo descubridor de California

Juan Rodríguez Cabrillo, descubridor de California

Juan Rodriguez Cabrillo nació en 1499 y murió el 3 de enero de 1543 en la Isla de San Miguel, frente a Los Angeles), el descubridor de California. Juan Rodriguez Cabrillo nació en Palma del Río, Córdoba,España.

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De joven, Juan se embarcó a La Habana y acompañó a Hernán Cortés en la conquista de Tenochtitlan. Llegó a ser muy rico gracias a la apertura de minas de oro en Guatemala (país que exploró junto a Pedro de Alvarado), y fue nombrado alcalde de la ciudad salvadoreña de Acajutla.

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Su nacionalidad fue tratada por primera vez por el cronista español contemporáneo Antonio de Herrera y Tordesillas, que, en su Historia General de los hechos de los Castellanos en las Islas y tierra firme del Mar Oceano, se refiere a Cabrillo como Juan Rodríguez Cabrillo, português. Por esta razón, la mayoría de las biografías lo describen como portugués. Sin embargo, después del estudio realizado por el historiador Harry Kelsey en 1986, éste concluyó que Cabrillo era español «probablemente en Sevilla; sin embargo, es posible que haya nacido en Cuéllar» Su fecha de nacimiento y familia son desconocidos, pero algunos sucesos en la vida de Cabrillo hacen pensar a Kelsey que Cabrillo nació en una familia humilde «alrededor de 1498 o 1500», y que sus padres trabajaban en la casa de un importante comerciante sevillano. El misterio sobre Cabrillo ronda también sobre el lugar donde fue sepultado. Murió el 3 de enero de 1543, frente a la costa del sur de California. Sin embargo, se desconoce el sitio exacto de su tumba.

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El profesor Michael W. Mathes afirma rotundamente queEl descubridor de la Alta California: Juan Rodríguez Cabrillo es de origen español. Este explorador es conocido por haber realizado una de las primeras expediciones de la costa oeste de América del Norte mientras navegaba al servicio de España. Fue el primer explorador europeo en navegar cerca de la costa del actual estado de California y participó en la fundación de la ciudad de Oaxaca, en México.

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Se sabe poco acerca de los primeros años de Cabrilho; apenas que formó parte de la expedición de Pánfilo de Narváez, la cual fue enviada a México por Diego de Velázquez, gobernador de Cuba, con el fin de someter a Cortés. En 1519 aparece el nombre españolizado de “Cabrillo” como soldado del ejército de Hernán Cortés con el grado de oficial de ballestas. Acompañó a Hernán Cortés en la conquista de la gran Tenochtitlan y posteriormente en la del suroeste de México, así como en la conquista de Guatemala, El Salvador y Honduras, en Centroamérica.

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En 1530, después de la conquista de Centroamérica, Cabrillo se estableció en la población de Santiago de Guatemala, y en 1532 viajó a España para contraer matrimonio con Beatriz Sánchez de Ortega. Después de las nupcias, Cabrillo regresó con su esposa a Santiago de Guatemala, en donde tomó residencia y se dedicó al comercio, en tanto su esposa le dio dos hijos. Desde un puerto guatemalteco de la costa del océano Pacífico, Cabrillo se dedicó durante un tiempo a importar y exportar mercaderías entre España, Guatemala y otras partes del Imperio español.

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En la madrugada del 11 de septiembre de 1541, un alud de piedras y lodo bajó del Volcán de Agua (que no un terremoto) y destruyó la ciudad. Se dice que Cabrillo notificó el incidente a la Corona española y esa información se considera el primer reportaje que se haya enviado de un acontecimiento ocurrido en el Nuevo Mundo a Europa.

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El descubrimiento de California

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En 1541, Pedro de Alvarado había organizado una expedición con doce embarcaciones para explorar el litoral norte del océano Pacífico, pero en su trayectoria se detuvo en las costas de Nueva Galicia para tratar de contener la rebelión encabezada por Francisco Tenamaztle que desencadenó la Guerra del Mixtón, una serie de enfrentamientos bélicos entre varias tribus indígenas —denominadas de forma genérica chichimecas— que se sublevaron contra el ejército español a mediados del siglo XVI. Los antecedentes se encuentran en la rebelión indígena que llevó a la captura de dieciocho principales chichimecas, nueve de ellos fueron ahorcados por el capitán Domingo de Arteaga a mediados de 1540. La respuesta de los chichimecas no se hizo esperar, a finales del mismo año los pobladores de Huaynamota y Huazamota dieron muerte al encomendero Juan de Arze a quien además se comieron asado.

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El Códice Telleriano-Remensis (1541) representa la muerte de Pedro de Alvarado junto al glifo del sol (Tonatiuh), apodo por el que fue conocido debido a su cabello rubio; a su lado un fraile bautizando a un chichimeca. En la parte inferior se representa a Nochistlán, rodeada por un río y con el glifo de un nopal (nochiztli). Sobre el montículo Francisco Tenamaztle se enfrenta contra el virrey Antonio de Mendoza, quien es representado por un maguey (me-tl) y una tuza, es decir metuza=Mendoza. También se aprecia un pequeño halcón, el cual hace alusión al capitán Falcón que murió en el asedio. Los acontecimientos corresponden a la Guerra del Miztón.

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Inesperadamente, Alvarado murió en julio de 1541 al ser aplastado por un caballo. Al año siguiente, el virrey Antonio de Mendoza y Pacheco comisionó a Rodríguez Cabrillo para que continuara los planes de la expedición frustrada, pero solamente fue posible utilizar dos de las embarcaciones que había reunido Alvarado.

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La península de Baja California y el golfo de California o mar de Cortés habían sido recientemente descubiertos por los exploradores Francisco de Ulloa, Fernando de Alarcón y el piloto Domingo del Corte, Con esos viajes se había demostrado que la península de Baja California no era una isla, sino que estaba unida a tierra firme y rodeada de agua por un golfo (golfo de California) y la mar del Sur (océano Pacífico).

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Cabrillo esperaba encontrar la mítica y rica ciudad de Cíbola que se creía existía en algún lugar al norte de la costa del Pacífico, además de buscar el inexistente paso o estrecho de Anián que se decía unía al norte los océanos Pacífico y Atlántico.

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La leyenda sobre Cíbola se originó alrededor en Mérida, cuando los moros conquistaron la ciudad, robaron un gran tesoro y reliquias religiosas. Se dice que se refugiaron en un lugar lejano, más allá del mundo conocido en esa época, y habían fundado las ciudades de Cíbola y Quivira. La leyenda de esas ciudades llegaron a tener grandes riquezas, principalmente en oro y piedras preciosas. Esa leyenda es la causa que Cabrillo y los conquistadores españoles y sus gobernantes trataran en vano de encontrar durante siglos las legendarias ciudades.

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Con el tiempo creció la leyenda hasta el punto de que se habló que cada uno de los siete obispos fundó una ciudad construía enteramente con oro (Aira, Anhuib, Ansalli, Ansesseli, Ansodi, Ansolli y Con). La leyenda fue alimentada por los náufragos de la fracasada expedición de Pánfilo de Narváez a la Florida en 1528, los cuales a su regreso a la Nueva España dijeron haber escuchado de boca de los nativos historias de ciudades con grandes riquezas. De esa larga caminata sobrevivieron cuatro hombres: uno de ellos fue Álvar Núñez Cabeza de Vaca, quien escribió un libro llamado Naufragios, en el cual describió la larga aventura a pie desde la costa de Florida hasta la costa de Sinaloa en México. Después de ocho años de peregrinaje por el sur de los actuales Estados Unidos malviviendo entre los indios como comerciante y curandero, regresó a México, donde fantaseó sobre sus descubrimientos. Otro de los cuatro sobrevivientes fue un esclavo negro llamado Esteban, conocido como Estebanico.

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La palabra Cíbola procede de cíbolo nombre español hoy desusado que se daba al bisonte ya que el territorio del mítico reino donde se encontraban las siete ciudades de oro se encontraba en las praderas en donde (hasta mediados del siglo XIX) existían millones de estos animales. El dibujo de arriba acompaña a la “Relación de la jornada de las vacas de Cíbola” que hizo el sargento mayor Vicente de Zaldívaren la provincia de Nuevo México. Los españoles denominaron cíbolos a los bisontes, por habitar las llanuras de la región donde habían creído encontrar la ciudad de Cíbola.

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El virrey Antonio de Mendoza y Pacheco de Nueva España escuchó esta historia y organizó una expedición encabezada por el fraile franciscano Marcos de Niza, quien llevaba como guía a Estebanico. Durante el viaje a un lugar llamado Vacapa (probablemente en alguna parte del estado de Sonora) envió el fraile a Estebanico por delante para investigar. Poco después Estebanico reclamó la presencia del fraile por haber escuchado de los nativos historias de ciudades colmadas de riquezas. Al enterarse de eso, fray Marcos de Niza supuso que se trataba de las “Siete Ciudades de Cíbola y Quivira”. La misión exploratoria comandada por el fraile Marcos de Niza regresó con fantásticas noticias: el buen religioso, sin duda deseoso de complacer a los que le habían enviado, contó que había visto una ciudad “mayor que Ciudad de México” y no vaciló en identificarla con la fantástica Cíbola.

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Estas noticias impulsaron la expedición de Vázquez de Coronado, igualmente saldada con un rotundo fracaso, la cual ni siquiera ha dejado apenas huella en la literatura épica.

El español Coronado era ambicioso y casado ventajosamente en México, pensó en emular a Cortés hallando esas ciudades. Hipotecando los bienes de su mujer y embarcando a otros socios capitalistas en la empresa, partió de México en 1540 rumbo hacia el norte con 300 españoles armados y unos mil indios y ganado bovino, todos guiados por el fantasioso fraile. Las previsiones de irse alimentando sobre el terreno pronto se vieron decepcionadas al comprobar la pobreza de las regiones atravesadas, donde generalmente eran recibidos con flechas y hostilidad, a la que la expedición correspondía con creces. Llegaron finalmente a lo que según Marcos de Niza era la fantástica Cíbola. En realidad se trataba de Zuñi, una miserable población de los indios pueblo, en el actual Nuevo México, que fue tomada con cierta dificultad, aunque la decepción fue grande al constatarse que apenas había allí más que unas pocas gallinas, escasos alimentos y desde luego ni sombra del metal precioso.

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Los desilusionados conquistadores, a pesar de que no faltaban indios que les aseguraban que “más allá”, siempre más allá, había nuevos pueblos cargados de oro, tuvieron que regresar a México. En realidad esto no pasaba de añagazas con las que trataban de alejarlos habiendo observado su avidez por el metal amarillo. Arquetipo de esta clase de indios era uno al que llamaron “el turco” por su atuendo, con gorro que les recordaba los turbantes, y les habló de otra ciudad, a la que identificaron con Quivira, otra de las de Cíbola.

Con la expedición, nuevamente animada, decidió continuar. Pasaron el inverno en Tiguex, en la actual Texas, y continuaron al frente de un reducido grupo hacia el norte, después hacia el noreste, siguiendo crédulamente al “turco”. Superaron las Montañas Rocosas, en las que García López de Cárdenas, miembro de la expedición, descubrió en una de sus exploraciones la mayor maravilla natural del mundo, el Cañón del Colorado, y se internaron en las planicies de Texas y Oklahoma. A medida que se sucedían los kilómetros sin hallar más que terreno desértico e indios miserables aunque agresivos, fue cundiendo la desilusión y la desconfianza en el “turco”, que acabó confesando que simplemente, por indicación de su tribu, les había conducido siempre hacia terrenos inexplorados en la confianza de que allí perecieran dejando sus efectos. La desconfianza se trocó en horror cuando les pareció ver que el indio hacía unas señas sospechosas a sus compañeros, y se decretó su ejecución.

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Y la marcha continuó hacia el noreste con nuevos guías. Llegaron finalmente a un pequeño pueblo cerca del actual Lindsborg, en Kansas, y la desilusión se repitió: los indios que llamaron Quivira, después conocidos como Wichita, no disponían de ninguna riqueza; su poblado era de cabañas con techo de paja y ni siquiera tenían joyas de oro. Habían alcanzado el centro geográfico de los actuales Estados Unidos. Y, agotadas las fuerzas, la expedición reconoció su fracaso y decidió retroceder. Coronado volvió a Tiguex, donde lo esperaba el grueso de sus tropas. Allí pasó otro invierno y volvieron todos cansinamente a México, desalentados, arruinados y con sus efectivos diezmados: sólo un tercio de los españoles, envueltos en harapos, regresaban al país para enfrentarse con su derrota y su ruina. Algunas de estas informaciones han sido obtenidad de Albaiges.

Con todo esto habían pasado tres años y recorrido 5000 kilómetros entre idas, venidas y zigzags. Pero no habían acabado las penalidades para Coronado. Despechados algunos de los socios capitalistas por su fracaso, lo acusaron ante la Audiencia de Nueva España de haber practicado innecesarias crueldades con los indios, y tuvo que enfrentarse a un largo juicio, del que, tres años más tarde, salió absuelto.

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Juan Rodríguez Cabrillo se enteró de esta noticia y el 24 de junio de 1542 partió en tres buques la expedición del puerto de Barra de Navidad (Jalisco). Estaba comisionado por el Virrey de Nueva España (México) para emprender una expedición por las costas del norte del Pacífico para estudiar las posibilidades comerciales y encontrar un pasaje a China. A bordo delSan Salvador, La Victoria y San Miguel, emprendió viaje hacia la actual California, escalando en San Miguel (la actual San Diego). Acompañaban a Cabrillo marineros, soldados, indios, esclavos africanos, un sacerdote, alimentos para dos años, animales en pie y mercancías. Cabrillo comandaba la pequeña flota a bordo del navío San Salvador, buque insignia que él mismo había construido.

Durante su viaje Cabrillo recorrió la costa de Colima y enfiló hacia la península de la Baja California, la cual tuvo a la vista el 3 de julio. Arribó a San José del Cabo y allí se proveyó de agua. El 13 del mismo mes descubre la bahía de Magdalena a la que nombra como tal. El 5 de agosto arriban a la isla de Cedros, (último sitio en el cual se vio con vida al navegante Francisco de Ulloa en abril de 1540) y permanecen en ella hasta el día 10 del mismo mes. Prosiguen su viaje costeando la península de Baja California y levantando mapas. El 17 de septiembre llegan al actual puerto de Ensenada, al que nombran San Mateo:“es buena tierra al parescer, hay grandes sábanas, e la yerba como la de España, y es tierra alta y doblada; vieron unas manadas de animales como ganados que andaban de ciento en ciento e más, que parescían en el parescer y en el andar ovejas del Pirú, y la lana luenga; tienen cuernos pequeños de un jeme en luengo y tan gordos como el dado pulgar, y la cola ancha y redonda e de longor de un palmo; está en 33 grados y tercio; tomaron posesión en él, estuvieron en este puerto hasta el sábado siguiente

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El 28 de septiembre de 1542, Cabrillo encuentra un “puerto muy bueno y seguro”: acaba de descubrir la Bahía de San Diego, a la que nombra San Miguel en honor al santo del día. Allí encontraron tribus indígenas, los cuales huyeron, y los que se quedaron les “dijeron por señas que por dentro en la tierra habían pasado gente como los españoles, amostraban tener mucho miedo; este dicho día a la noche fueron de los navíos en tierra a pescar con un chinchorro, e paresce que estaban ahí algunos indios y comenzáronlos a flechar y hirieron tres hombres.

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El 28 de septiembre de 1542, Cabrillo encuentra un “puerto muy bueno y seguro”: acaba de descubrir la Bahía de San Diego, a la que nombra San Miguel en honor al santo del día.

Y el otro día siguiente por la mañana vinieron a las naos tres indios grandes, y por señas dijeron que andaban por la tierra adentro hombres como nosotros, barbados y vestidos e armados como los de los navíos, y señalaban que llevaban ballestas y espadas, y hacían ademanes con el brazo derecho como que alanceaban y andaban corriendo como que iban a caballo, y que mataban muchos indios de los naturales, y que por esto tenían miedo; esta gente es bien dispuesta y crescida, andan cubiertos con pieles de animales; estando en este puerto, pasó un temporal muy grande, empero, por ser bueno el puerto, no sintieron nada, fue de Oest Sudoeste, e Sur Sudueste tiempo derecho; éste es el primer temporal que han pasado; estuvieron en este puerto hasta el martes siguiente; aquí llamaban a los cristianos guacamal”.

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La nombró San Miguel, en honor al santo del día, pero fue Sebastián Vizcaíno, en 1602, quien le dio su actual nombre cuando realizaba un atlas de la Alta California para España. Los exploradores acamparon cerca de una aldea indígena que se llamó “Nipaguay” y tuvieron una misa en honor a San Diego de Alcalá.

Seis días después continúa su viaje de exploración en aguas desconocidas para los europeos. El 6 de octubre está en San Pedro (Puerto de Los Ángeles), el 7 de octubre de 1542 descubre el archipiélago del Norte, hoy conocido como islas Santa Bárbara. “El 8 del dicho mes, allegaron en tierra firme en una bahía grande, que llamaron la bahía de los Fumos, por los muchos fumos que en ella vieron; aquí tomaron plática con unos indios que tomaron en una canoa, los cuales señalaron hacia el Norte que había españoles como ellos; esta bahía está en 35 grados y es buen puerto y buena tierra, de muchos valles y llanuras y arboledas”. El día 9 estuvieron en Santa Mónica; ambas poblaciones forman hoy día parte de la Ciudad metropolitana de Los Ángeles.

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En 1542 descubre el archipiélago del Norte, hoy conocido como islas Santa Bárbara, donde está el Channel Islands National Park.

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El 10 de octubre llega la expedición a San Buenaventura, el día 13 regresan a Santa Bárbara y alcanzan punta Concepción el día 17. A causa de los fuertes vientos contrarios, las naves regresan y se resguardan en la isla de San Miguel frente a San Buenaventura. No pueden avanzar al norte durante varios días, el 11 de noviembre llega a Santa María y el mismo día alcanzan el cabo de San Martín que se localiza en el condado de Monterey.

Las naves se separan debido a los fuertes vientos y tormentas y después de varios días de búsqueda se reúnen el 15 de noviembre y navegan sin rumbo, descubriendo la bahía de los Pinos, conocida actualmente como Monterey Bay.

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El 18 de noviembre navegan hacia el sur, buscando el resguardo de la bahía de la isla de San Miguel, adonde arriban el día 23. Los siguientes tres meses los pasan ahí en espera de que terminen las tormentas de invierno.

Juan Rodríguez Cabrillo muere el 3 de enero de 1543 en la Isla de San Miguel como consecuencia de una gangrena del brazo que se quebró al caer en una escaramuza con los nativos. Se cree que sus restos fueron sepultados en la isla Santa Catalina, frente a la ciudad de Los Ángeles.Los portugueses le han erigido un bello monumento de 4 metros de altura, además de placas, en el Parque Nacional de Point Loma, avistando la bella bahía de San Diego.

El 18 de febrero de 1543, la flota enfila nuevamente hacia el norte bajo el mando de Bartolomé Ferrelo. Con vientos favorables alcanzan el 1 de marzo el cabo Mendocino, llamado así en honor del primer virrey de la Nueva España, Antonio de Mendoza y Pacheco, patrocinador de la expedición. El cabo Mendocino se encuentra cerca del límite norte del actual estado California, así que es probable que la expedición haya traspasado los límites y llegado hasta el vecino estado de Oregón.

El mal clima impidió al navegante Bartolomé Ferrelo seguir el viaje más al norte, por lo que regresaron a la isla de San Miguel, donde llegaron el 5 de marzo. De allí la expedición partió de regreso hacia el puerto de Navidad, arribando el 14 de abril de 1543.

Máximo Gonzalez-Palacios Franco

Fuente: Archivo General de Indias.

EL QUINTO REAL

El Quinto Real

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(Impuesto de la corona española )

La Corona española, como propietaria y usufructuaria del suelo y subsuelo americano de acuerdo con el dictamen de las bulas del papa Alejandro VI.

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En los Virreinatos existían centenares de minas particulares. El Quinto Real, o Quinto del Rey, fue un impuesto de 20% establecido por el rey de España en 1504 sobre oro, plata y joyas de las minas de  toda la América española.

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Aunque el Quinto fue establecido por solo 10 años, permaneció hasta 1723 cuando fue reducido al diezmo (10%). parte eran minas de plata como Potosí o Caylloma. Los propietarios estaban obligados a pagar un impuesto llamado QUINTO REAL, pues se trataba de entregar a la Corona la quinta parte de los tesoros extraídos de los socavones.

El resto, el 80℅, se quedaba en los virreinatos para sufragar el coste de la construcción de caminos, acueductos, puertos, fortalezas defensivas, pagar los salarios a toda la administración virreinal, catedrales, universidades, palacios, puentes, etc.

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Este impuesto ascendía en principio al veinte por ciento de toda riqueza metálica o en joyas que fuera obtenida en sus colonias. Con la caída de los Reyes de la casa de Habsburgo y el ascenso de los Borbones al trono español, se emprenden una serie de reformas en pro de reactivar e incentivar la producción minera (en crisis por esas décadas). El impuesto fue reducido, cambiando a un porcentaje nominal del diez por ciento (diezmo), que bajaría con los años a un monto entre un cinco y ocho por ciento o menos para finales del Imperio español.

El auge minero de fines del siglo XVI no duró por mucho tiempo, la minería empezó a decaer como consecuencia de la disminución de la calidad del metal, la carencia de azogue (mercurio) y la disminución de la fuerza laboral indígena, por el duró trabajo en las minas.

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En el siglo XVIII, la Corona española se vio obligada a reducir el impuesto: de un quinto pasó a ser un décimo (DÉCIMO REAL). Esto permitió la reactivación del sector minero, que también fue favorecido, por la explotación de nuevas minas de plata (como Cerro de Pasco y Hualgáyoc) y la importación de modernas maquinarias.

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Máximo Gonzalez-Palacios  Franco